Ya vimos que durante el envejecimiento saludable, la gran mayoría de los adultos mayores tiene autonomía. Esto quiere decir que toman sus propias decisiones, se desenvuelven solos y permanecen en sus casas.
Aun así, las habilidades básicas se deterioran lentamente.
Movimientos sencillos, como subirse un pantalón, atarse los cordones, cortar la
comida y hasta atender la puerta, pueden significar un gran esfuerzo. Aparecen dificultades
para atenderse a sí mismo, y es cuando se empieza a necesitar ayuda de prótesis
o de otras personas.
Vivir muchos años va tornando frágiles a los ancianos y
por eso es importante adaptar antes sus viviendas, previendo sus nuevas necesidades,
para retrasar la invalidez y la dependencia.
Activos, pero reduciendo riesgos
Las caídas son el accidente más frecuente en la ancianidad.
En general ocurren dentro de la casa, al anochecer y por inestabilidad,
queriendo alcanzar algo, al girar o estar apurado. También por calzado
inadecuado, visión defectuosa e incluso por sobremedicación.
Y por supuesto por obstáculos en el hogar.
* Hablamos de ancianos que viven solos pero en contacto con sus familias, que se preocupan por ellos y facilitan su independencia. Vivir “en soledad” es diferente y representa un riesgo en sí mismo.
Hoy existen productos que mejoran la accesibilidad, los
movimientos, la aprensión manual, etc.
Desde la clásica utilización de bastones, andadores y
silla de ruedas, hasta tecnologías que permiten una “casa inteligente” o servicios
de ayuda remota.
S.O.S ¿Por dónde empiezo?
Antes de encarar reformas caras y complejas, hay que saber
con qué contamos en la vivienda y examinar el estado en que se encuentra.
Conversá con tu familiar mayor sobre qué necesita y sus
posibilidades reales (físicas y económicas). Croquis en mano, anotá todas las
ideas que surjan y sean viables, las prioridades y etapas graduales.
- Hacer una inspección de las instalaciones, distribución de cables, enchufes y artefactos, caños, filtraciones y desagües.
- Colocar disyuntores, detectores de humo y de gas.
- Poner pasamanos en escaleras y pasillos.
- A los desniveles y pisos resbaladizos hay que texturarlos, y reemplazar los de superficies muy irregulares en el exterior.
El baño es un lugar muy peligroso porque es un ambiente
reducido, en general está húmedo y tiene artefactos muy cercanos y duros.
- La puerta debe abrir hacia afuera para poder asistir a alguien caído. Hay que colocar agarraderas y canillas fáciles de agarrar o girar.
- Se debe facilitar el recorrido nocturno con luz testigo en los pasillos o sensor de movimiento.
Se pueden reacomodar algunas cosas, pero no es aconsejable cambiar mucho, porque no reconocer los
muebles en los lugares de siempre, les puede provocar desorientación.
- Evitar equipamiento de vidrio o con bordes filosos, y verificar que los lugares de asiento no sean muy altos ni muy bajos (incluso el inodoro). Retirar alfombras sueltas.
- La buena iluminación es esencial. Debe resaltar lugares significativos y evitar contraluces. Contar con pulsadores de luz con piloto y táctiles.
- Buscar las mejores visuales, iluminación natural y aireación en los espacios donde pasan más horas.
- Las cosas de uso frecuente deben estar en estantes o cajones del medio, para no agacharse o estirarse y perder el equilibrio. Generar contrastes con los colores ayuda a distinguir los distintos elementos.
Pensando juntos
Planifiquen qué hacer en situaciones de emergencia (médica,
robo, incendio, inundación, etc.)
El consorcio o
vecinos deben saber que hay un adulto mayor a ser asistido (a veces con su
mascota) y a quién llamar. Números grandes y en lugares visibles.
Por último, no
desesperes: hacés lo que podés, y los mayores permiten.


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