15/8/16

Decime que se siente ser mayor



Puede ser que pienses que todas las personas envejecen igual y que la mayoría se aferra a sus costumbres y no está dispuesta al cambio.


Sin embargo el envejecimiento es un proceso, que es muy diferente para cada persona y no tiene que ver con la edad. No existe algo como: “se envejece así”.



Si observás, realmente es distinto para cada uno. Algunos en cierto momento dejan de jugar fútbol, otros no manejan más de noche y muchos cargan sillitas en lugar de sentarse toda la tarde en la lona, etc. Mientras que también se animan con las redes sociales, tienen parejas nuevas y se cuidan más.


En realidad, de a poco, es uno mismo quien decide cuándo “se siente viejo” para hacer algunas cosas y va adoptando nuevos hábitos.

Aunque no es fácil darse cuenta, ni tomar la decisión de hacer cambios.
La casa debe acompañar estas modificaciones, para que las personas puedan seguir desenvolviéndose solas a medida que envejecen.


Está bien anticiparnos a las dificultades que pueden aparecer, pero es mejor preguntarles y que ellos nos cuenten, para no crear un “espacio sobreprotector”, porque al salir a la calle el anciano encuentra obstáculos urbanos para los que tiene que estar entrenado.
Tampoco hay que acondicionar ‘todo de una vez’ para quedarnos tranquilos, porque las necesidades empiezan de a poco y son diferentes para cada uno.
Las rutinas son importantes porque nos hacen sentir más seguros y cómodos, pero se necesitan los desafíos para agilizar la mente, tener nuevos aprendizajes, hacer ejercicio físico, etc.

¿Por dónde empezamos?


Antes de encarar cualquier reforma hay que pensar bien quién es el usuario.
El principal objetivo es tratar de entender “cómo es envejecer”.
Mucha gente piensa que es fácil saber “cómo es sentirse viejo”, pero parece que no, y hay que encontrar formas para imaginárselo.

Experiencias


En 2004, Ford buscaba que su modelo Focus tuviera más confort para la gente mayor de 50 años (que son los que compran, por su poder adquisitivo mayor que el de los jóvenes).
Así crearon un traje para ‘ponerse años’ que simulaba un envejecimiento común, saludable.
Lo resolvieron con un jumper con bulto en la cintura y varillas metálicas, para restringir la movilidad en las articulaciones, guantes que reducen la sensibilidad al tacto, y unos anteojos amarillos que imitan el deslumbramiento y la dificultad para enfocar y distinguir contrastes en la oscuridad.
Así los ingenieros, menores de 40 años, pudieron experimentar cómo durante el envejecimiento, a partir de esa edad, se van afectando las capacidades de todas las personas.
Después de probar el traje, diseñaron puertas más anchas con mayor abertura, asientos más altos, cinturones de seguridad tipo arnés, comandos por voz, etc.
Como resultado, hubo un mayor beneficio en seguridad para toda la sociedad.

Más tarde lo usaron para el rediseño del hospital de Derby y los arquitectos se dieron cuenta que movimientos muy sencillos para la gente joven, como vestirse, sentarse o estirar el brazo, se vuelven dificultosos con los años.
Identificaron problemas para abrir puertas, canillas o alcanzar una toalla, y también realizaron modificaciones.


Durante estos últimos años se desarrollaron otros trajes, sobretodo en Alemania, más integrales, que simulan las características de pacientes de edad avanzada y que sufren varias patologías a la vez.
Restringen mucho la movilidad y además de la vista, también reducen la audición (que genera pérdida de equilibrio y orientación).
Aunque ningún traje nos puede transmitir dolores por artritis, o los signos de un leve deterioro cognitivo, se utilizan para que los médicos o  estudiantes de gerontología comprendan mejor a sus futuros pacientes.


¿Para qué nos sirve?


La empatía es la capacidad de percibir lo que otro individuo puede sentir. Logra un entendimiento profundo entre dos personas.
Estamos hablando de algo abstracto: de hacernos una idea, de imaginarnos cómo se siente ser viejo. No se puede comprar, y sin embargo es la herramienta más importante para pensar el hábitat del adulto mayor.
Porque así podemos conectarnos, entender sus experiencias ‘emocionales’ y buscar las mejores soluciones para sus necesidades particulares.
Las modificaciones en el hogar, bien pensadas, van a mantener su participación, capacidad funcional (realizar tareas sin supervisión) y seguridad durante más años. 
Muchas veces creemos que una persona grande tiene olvidos o no entiende sobre lo que hablamos y, sin darnos cuenta, dejan de participar en las conversaciones y decisiones.
Así es como muchos adultos mayores se sienten solos aunque estén en familia y los vemos callados, tristes o enojados.
Pero lo que les ocurre es que, además de oír un poco menos, piensan más despacio! (así como sus movimientos son más lentos).


Y por esto de no pensar cómo es ser viejo: no los miramos de frente, modulamos mal o hablamos muy rápido y no les damos tiempo a dar su opinión.
Si vemos sus posibilidades y escuchamos lo que piensan, habrá una relación de mayor confianza para entendernos y su casa será la que necesiten y quieran.




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