
Puede ser que pienses que todas las personas envejecen igual y que la mayoría se aferra a sus costumbres y no está dispuesta al cambio.
Sin embargo el envejecimiento es un proceso, que es muy diferente para cada persona y no tiene que ver con la edad. No existe algo como: “se envejece así”.
Si observás, realmente es distinto para cada uno.
Algunos en cierto momento dejan de jugar fútbol, otros no manejan más de noche y
muchos cargan sillitas en lugar de sentarse toda la tarde en la lona, etc. Mientras
que también se animan con las redes sociales, tienen parejas nuevas y se
cuidan más.
En realidad, de a poco, es uno mismo quien decide
cuándo “se siente viejo” para hacer algunas cosas y va adoptando nuevos hábitos.
Aunque no es fácil darse cuenta, ni tomar la decisión de hacer cambios.
La casa debe acompañar estas modificaciones, para que las personas puedan seguir desenvolviéndose solas a medida que envejecen.
Aunque no es fácil darse cuenta, ni tomar la decisión de hacer cambios.
La casa debe acompañar estas modificaciones, para que las personas puedan seguir desenvolviéndose solas a medida que envejecen.
Está bien anticiparnos a las dificultades que
pueden aparecer, pero es mejor preguntarles y que ellos nos cuenten, para no
crear un “espacio sobreprotector”, porque al salir a la calle el anciano encuentra
obstáculos urbanos para los que tiene que estar entrenado.
Tampoco hay que acondicionar ‘todo de una vez’ para
quedarnos tranquilos, porque las necesidades empiezan de a poco y son diferentes
para cada uno.
Las rutinas son importantes porque nos hacen sentir
más seguros y cómodos, pero se necesitan los desafíos para agilizar la mente, tener
nuevos aprendizajes, hacer ejercicio físico, etc.
¿Por dónde empezamos?
Antes de encarar cualquier reforma hay que pensar bien quién es el usuario.
El principal objetivo es tratar de entender “cómo
es envejecer”.
Mucha gente piensa que es fácil saber “cómo es
sentirse viejo”, pero parece que no, y hay que encontrar formas para imaginárselo.
Experiencias
En 2004, Ford buscaba que su modelo Focus tuviera más
confort para la gente mayor de 50 años (que son los que compran, por su poder adquisitivo mayor que el de los jóvenes).
Así crearon un traje para ‘ponerse años’ que simulaba
un envejecimiento común, saludable.
Lo resolvieron con un jumper con bulto en la
cintura y varillas metálicas, para restringir la movilidad en las articulaciones,
guantes que reducen la sensibilidad al tacto, y unos anteojos amarillos que imitan
el deslumbramiento y la dificultad para enfocar y distinguir contrastes en la
oscuridad.
Así los ingenieros, menores de 40 años, pudieron experimentar
cómo durante el envejecimiento, a partir de esa edad, se van afectando las
capacidades de todas las personas.
Después de probar el traje, diseñaron puertas más
anchas con mayor abertura, asientos más altos, cinturones de seguridad tipo
arnés, comandos por voz, etc.
Como resultado, hubo un mayor beneficio en seguridad
para toda la sociedad.
Más tarde lo usaron para el rediseño del hospital de
Derby y los arquitectos se dieron cuenta que movimientos muy sencillos para la
gente joven, como vestirse, sentarse o estirar el brazo, se vuelven dificultosos
con los años.
Identificaron problemas para abrir puertas,
canillas o alcanzar una toalla, y también realizaron modificaciones.
Durante estos últimos años se desarrollaron otros
trajes, sobretodo en Alemania, más integrales, que simulan las características
de pacientes de edad avanzada y que sufren varias patologías a la vez.
Restringen mucho la movilidad y además de la vista,
también reducen la audición (que genera pérdida de equilibrio y orientación).
Aunque ningún traje nos puede transmitir dolores
por artritis, o los signos de un leve deterioro cognitivo, se utilizan para que
los médicos o estudiantes de
gerontología comprendan mejor a sus futuros pacientes.
¿Para qué nos sirve?
La empatía es la capacidad de percibir lo que otro individuo puede sentir. Logra un entendimiento profundo entre dos personas.
Estamos hablando de algo abstracto: de hacernos una
idea, de imaginarnos cómo se siente ser viejo. No se puede comprar, y sin
embargo es la herramienta más importante para pensar el hábitat del adulto
mayor.
Porque así podemos conectarnos, entender sus
experiencias ‘emocionales’ y buscar las mejores soluciones para sus necesidades
particulares.
Las modificaciones en el hogar, bien pensadas, van
a mantener su participación, capacidad funcional (realizar tareas
sin supervisión) y seguridad durante más años.
Muchas veces creemos que una persona grande tiene olvidos o no entiende sobre lo que hablamos y, sin darnos cuenta, dejan de participar en las conversaciones y decisiones.
Así es como muchos adultos mayores se sienten solos aunque estén en familia y los vemos callados, tristes o enojados.
Pero lo que les ocurre es que, además de oír un poco menos, piensan más despacio! (así como sus movimientos son más lentos).
Y por esto de no pensar cómo es ser viejo:
no los miramos de frente, modulamos mal o hablamos muy rápido y no les damos
tiempo a dar su opinión.
Si vemos sus
posibilidades y escuchamos lo que piensan, habrá una relación de mayor confianza
para entendernos y su casa será la que necesiten y quieran.



No hay comentarios:
Publicar un comentario