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Para adaptarnos a las etapas vitales de nuestras familias necesitamos información clara, poder pensar estrategias y generar los cambios que necesitemos con confianza.
En las últimas décadas hubo adelantos científicos y técnicos que provocaron un fenómeno de transformación único “en la estructura por edad”.
¿Qué significa esto?
. Que hay un “envejecimiento general de la población del mundo”. Aumentó la cantidad de personas mayores de 60 años, que en breve van a ser más que los chicos menores de 15.
. Así que somos "más longevos”, vamos a vivir más.
Sin embargo vivir mejor, que es lo que quisiéramos, tiene otro precio (más allá de las cirugías plásticas) y está en lograr una vejez activa.
Imaginate, vamos a ser todos muy viejitos, y obviamente vamos a
continuar con nuestras actividades diarias, pero con familias más chicas y poca
gente joven alrededor (¿mejor o peor?… distinto).
Estaría bueno entonces tener un millón de amigos, para ayudarnos entre
pares y organizarse para que el entorno se adapte, porque vamos a tener nuevas
necesidades, por mucho más tiempo.
¿Qué hay de nuevo, viejo?
Pertenecer a “una generación” significa que hechos históricos,
trascendentes, a lo largo de la vida de personas que tienen nuestra edad, provocaron valores, prejuicios, estética e incluso un
comportamiento social similar.
Si bien todos necesitamos
pertenecer a un grupo, las personas somos muy distintas y ahora es más difícil encasillarnos
en definiciones.
Por eso se redefine el llamado “ciclo vital”, cuyas etapas fijas y roles estructurados
(la edad para estudiar, para casarse, tener hijos, etc.) han sufrido transformaciones.
Se genera un concepto más dinámico como “curso vital”, con
tiempos diferentes para cada individuo, para desarrollarse de manera continua.
La adolescencia comienza muy temprano y a la vez se ha prolongado. La
edad adulta (antes que se instale la vejez propiamente dicha), se desarrolla
durante un período de tiempo mayor que el de la juventud (aquí la mediana edad
aparece como una etapa con características propias).
Después de la tercera aparece la cuarta edad (donde el segmento de
mayores de 85 años es el que más crece en la actualidad).
Según la época, en la sociedad siempre ha habido expectativas y normas
sobre lo que es apropiado para cada edad, pero lo cierto es que hoy vivimos una
realidad compleja.
Se desdibujaron los límites y modificaron
las características de las distintas generaciones, que curiosamente se
parecen cada vez más.
Las personas grandes tienden a adoptar hábitos de los jóvenes; hijos y
padres comparten los mismos gustos y costumbres, y la percepción de uno mismo
respecto a su propia edad es muy variable, porque todos queremos permanecer
siempre jóvenes.
Intentar ponerle una edad al inicio de la vejez no nos sirve, porque depende de muchas cosas. La buena noticia es que empieza cada vez más tarde y los «nuevos viejos», que enfrentan estos cambios, pueden lograr adaptarse muy bien.
Porque los mayores no son todos iguales porque son viejos
Imaginate, vamos a ser todos muy viejitos, y obviamente vamos a
continuar con nuestras actividades diarias, pero con familias más chicas y poca
gente joven alrededor (¿mejor o peor?… distinto).
Estaría bueno entonces tener un millón de amigos, para ayudarnos entre
pares y organizarse para que el entorno se adapte, porque vamos a tener nuevas
necesidades, por mucho más tiempo.
¿Qué hay de nuevo, viejo?
¿Qué hay de nuevo, viejo?
Pertenecer a “una generación” significa que hechos históricos,
trascendentes, a lo largo de la vida de personas que tienen nuestra edad, provocaron valores, prejuicios, estética e incluso un
comportamiento social similar.
Si bien todos necesitamos
pertenecer a un grupo, las personas somos muy distintas y ahora es más difícil encasillarnos
en definiciones.
Por eso se redefine el llamado “ciclo vital”, cuyas etapas fijas y roles estructurados
(la edad para estudiar, para casarse, tener hijos, etc.) han sufrido transformaciones.
Se genera un concepto más dinámico como “curso vital”, con
tiempos diferentes para cada individuo, para desarrollarse de manera continua.
La adolescencia comienza muy temprano y a la vez se ha prolongado. La
edad adulta (antes que se instale la vejez propiamente dicha), se desarrolla
durante un período de tiempo mayor que el de la juventud (aquí la mediana edad
aparece como una etapa con características propias).
Después de la tercera aparece la cuarta edad (donde el segmento de
mayores de 85 años es el que más crece en la actualidad).
Según la época, en la sociedad siempre ha habido expectativas y normas
sobre lo que es apropiado para cada edad, pero lo cierto es que hoy vivimos una
realidad compleja.
Se desdibujaron los límites y modificaron
las características de las distintas generaciones, que curiosamente se
parecen cada vez más.
Las personas grandes tienden a adoptar hábitos de los jóvenes; hijos y
padres comparten los mismos gustos y costumbres, y la percepción de uno mismo
respecto a su propia edad es muy variable, porque todos queremos permanecer
siempre jóvenes.
Intentar ponerle una edad al inicio de la vejez no nos sirve, porque depende de muchas cosas. La buena noticia es que empieza cada vez más tarde y los «nuevos viejos», que enfrentan estos cambios, pueden lograr adaptarse muy bien.
Porque los mayores no son todos iguales porque son viejos


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