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Mucha gente tiene la costumbre de llamar “abuela/o” a
las personas mayores.
Sobretodo a los muy mayores y en los lugares donde
deben prestarles servicios, o quienes los asisten sin ser sus familiares.
Algunos lo utilizan con un tono de ternura y respeto
sincero, por tradición, o porque sienten que genera empatía.
En general lo aceptamos de manera natural, sin
protestar ni incomodarnos. Parecería un término cariñoso y nada más.
Pero, imaginate mayor (aunque es difícil pensarse
en el viejo que uno va a ser): toda tu vida te llamaron por tu nombre, y de
repente un día, alguien te trata de abuela/o.
¿Por qué? ¿Porque sos viejo?
¿Por qué? ¿Porque sos viejo?
Hace unos años comenzaron a emplear la palabra
‘viejo’, porque consideraron que no es agraviante ni negativa y está instalada en
los hábitos sociales y familiares.
Aún así, a mucha gente le resulta inadmisible y por
eso hoy en día, se usa ‘adultos mayores’ que
no ofende ni desmerece a nadie. (Aunque otros piensan: _ ¿Qué inventaron
ahora?)
Hablamos del conjunto: los abuelos, los viejos, la
gente mayor, etc.; pero en el individuo es distinto.
Uno no puede dirigirse a una persona diciendo: _
Pase por acá viejo.
Se usa su nombre, o
señora, señorita, señor…
Resulta curioso, pero podemos observar claramente en la calle,
el uso de “parentescos“ cuando se busca minimizar y generar impotencia en
alguien con desventaja.
_
¡Tío! ¿Tenés para mucho?
_ Pero hermano… ¿cómo me decís
que te di mal el vuelto?
_ ¡Mamita! Estás rebuena…, etc.
En el ámbito social, utilizar un ‘rol’ en lugar de llamar
por el nombre individual a cada uno, roza un límite, a veces inconsciente, entre la simpatía
y la indiferencia.
Todos tenemos un nombre: para identificarnos, ser
diferentes y relacionarnos con los
demás.
Al punto que, cuando necesitamos que alguien
reaccione (incluso un niño), lo llamamos enérgicos por su nombre. Porque el
nombre es identidad.
Este apodo: abuelo, no reconoce identidad y puede
tratarse de una forma sutil de maltrato.
Por suerte, esta nueva generación de viejos, tienen
una imagen de sí mismos que no es la del abuelo “típico”.
A las personas mayores, no les gusta que les diga ‘abuelo/a’ alguien que no es su nieto. Piensan que se pretende ocupar un lugar que no corresponde, sienten que no es sincero y también, que les agrega años.
Imaginate si no tienen hijos o son solteros.
¿Es importante hablar del modo con que se dirige la
sociedad a una persona mayor?
Sí, porque las palabras ‘atribuyen’.
¿Qué quiere decir? Que la gente se forma una
opinión y se crea una imagen del otro, a partir de lo que se dice de él o cómo
se lo trata.
Con una actitud de desconsideración y discriminación
hacia ellos, con ‘Viejismo’, se los aparta, se les quita espacio y no se los
escucha.
Si estamos proponiendo colaborar con su autonomía
(acordate: la capacidad de decidir) e independencia para que se desenvuelvan
solos, hay que respetar su identidad, y no dejar que se desdibuje en el universo
‘abuelos’, porque sino es muy difícil que se sienta reconocido, que tenga aspiraciones, preferencias, y
defienda un sentido para su propia vida.
Así aparecen los mayores abúlicos, desinteresados o
protestones, y hay que decidir todo por ellos.
Te propongo participar de la campaña: “Llamame por mi nombre”Cuando escuches tratar a una persona mayor como ‘abuelo’, cuando no es su nieto, por favor hacelo notar, remarcalo, para que entre todos podamos hacer una sociedad más justa, inclusiva y respetuosa.
* Fotografía de portada cortesía de Alejandro Alem


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