11/9/17

Un auténtico desafío


Es común sentirnos relajados cuando el ambiente donde estamos es acogedor, así como querer irnos si nos produce malestar, porque el entorno influye en nuestras emociones.
Nos llena de energía el hogar de una pareja joven, donde todo es nuevo y minimalista.
También nos da placer pasar por la casa de personas de edad que mantienen el interés por su vivienda, y logran armonizar las pertenencias de su pasado con las necesidades y gustos que tienen hoy en día.


En otros casos los adultos mayores, sin darse cuenta, se resignan a hogares apagados o incómodos y lo que es peor, alejan a las visitas que quedan agobiadas por el resto del día.


Con los años suelen acumularse cosas y recuerdos en las casas, aún cuando no se necesiten o haya  integrantes que no vivan más ahí.
Es fácil que se transformen en ambientes ‘estáticos’ cuando todo se desluce y queda en el mismo lugar, la pintura se oscurece y se junta el polvo.
A veces hasta se conservan objetos heredados, que desagradan o angustian.
Estos entornos, donde no hay renovación o espacio para cosas nuevas, abruman y pueden convertirse en una carga para la persona que vive ahí.

* Especial atención merecen quienes están en un lugar compartido (con la familia, o en una residencia geriátrica), porque es fundamental ayudarlos a definir bien un rincón propio, con sus cosas y de acuerdo a su personalidad.
* También aquellos con deterioro cognitivo necesitan, y perciben, un ambiente equilibrado.


¿Podemos colaborar?

Cambiar el entorno de otro es algo pretencioso y muy delicado.
Se puede proponer con las mejores intenciones, pero es el dueño de casa quien tiene que decidir si quiere, en que momento y la forma de hacerlo.

Lo ideal sería hacer orden, saber qué está de más y si se puede descartar, para lograr un hogar aireado, pero también más seguro, sin obstáculos.


Con suerte, tal vez nos permitan limpiar lugares donde no llegan o no ven.
Hacé lo que puedas y no te deprimas por la impotencia si se niega rotundamente, o dilata la respuesta.

A veces a la gente mayor les cuesta desprenderse de las cosas por su bagaje emocional o porque tienen miedo.
Algunos son desconfiados y no quieren que toquen sus cosas, otros tienen pudor.
O por simple naturaleza acumulan de todo y, olvídate, con ese apego es imposible hacer algo.
Sin embargo, muchos tienen ganas de hacer cambios, pero su condición física se los impide o no saben cómo organizarse o con quién hacerlo.


Respetar los límites, pedir permiso

No hace falta hacerlo de una vez, o apurados y sin ganas, porque sería agotador.
De a poco, se irán sintiendo más confiados y seguros.
Es una oportunidad para evocar, reírnos, ¡anotar quiénes están en las fotos! , si quiere regalar, a quién, etc.

_ ¿A vos te gusta?  ¿Le tenés mucho cariño?
Insistí. No aceptes un: _Hacé lo que quieras.
Convertilo en protagonista. Lo importante es su opinión, lo que prefiera, porque después también vienen las críticas y reproches.

_ ¿Necesitás esto?
No lo estreses si no tiene idea de qué hacer en ese momento, no está preparado para deshacerse de eso, o guarda algo porque a veces le resulta útil.
Hay que ser flexible, se guarda más tiempo y se tira en la próxima.
Lo mismo con los equipos descompuestos para reparar.

Preguntá antes de tirar cualquier cosa, por tontas que parezcan pueden tener un significado especial. Nadie tiene que deshacerse de recuerdos felices o motivo de orgullo.
Si algo les gusta mucho, ponelo en un lugar importante, sobretodo en la habitación donde pasa más tiempo.

Un tema de preocupación en los mayores son las facturas y papeles acumulados. Armá un rincón cómodo, donde se siente con calma a clasificar.


Un espacio seguro





Desprenderse de muebles que impidan el paso y reducir los objetos decorativos para no marear.
Ocupate de las cosas rotas, cables sueltos, puertas que no cierran, lamparitas quemadas y placares con ropa apretujada.
¿Sabías que si los espejos y televisores están mal ubicados, las personas adormiladas pueden sentir ‘que alguien las observa’ de noche y se asustan?
Podés acondicionar sillas y colchones, cambiar plantas moribundas, dejar las mesas libres y asolear objetos con humedad.
Sin cargosear,  tal vez decide renovar fundas y cortinas con colores frescos y dar una mano de pintura.




Si logran cumplir algún objetivo que hayan planeado, seguramente se sentirá contenido y dinámico. Su ambiente será más amigable y las visitas más frecuentes.




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